CAPITULO II

II
16 de Noviembre de 1817
ROMASANTA TIENE 7 AÑOS
REGUEIRO, OURENSE



El jilguero volaba posándose de rama en rama. Al pararse sobre un árbol, el pájaro emitía unos silbidos y callaba súbitamente. De pronto se escuchaba un sonido bastante parecido mucho más abajo. En ese momento, el pajarillo volvía a volar y se posaba sobre una rama más baja. Cantaba y se volvía a oír de nuevo el misterioso cantar a ras del suelo. De repente, ya estando el animalillo sobre una rama tan cerca del otro misterioso pájaro, al intentar echar a volar, el pequeño pajarillo había quedado pegado a la rama. Había caído en la trampa del pequeño Manuel.
El niño apretó el pajarillo con sus manos para liberarlo de su trampa hecha con un pegamento compuesto por miel y manteca animal.  Sacó un alfiler del bolsillo de su chaleco y sintiendo los pequeños y veloces latidos del ave le pinchó los dos ojos sin mostrar ningún sentimiento. Ni ira, ni rabia, sin sadismo, ni temor, sin temblar. Nada. Se quedó un segundo mirando a su victima y la soltó de nuevo al aire levantando las manos hacia el cielo.


-¡MANUEEEEEL! ¡MANUEL! ¿DÓNDE ESTÄS?
El niño, no hizo caso a la voz de su hermano Antonio. Tan solo se quedó en silencio, escuchando el canto del jilguero al que acababa de cegar.
Antonio divisó a su hermano inmóvil a la entrada del bosque y apenas tuvo tiempo de esquivar al pequeño jilguero que volaba de un lado a otro con unos giros rápidos y bruscos. El vuelo del pájaro ciego era como el de una mariposa asustada o como el de un murciélago. Antonio siguió el volar del pobre animalillo observando como chocaba con las ramas y los troncos hasta desaparecer en la espesura del bosque.
-¡Manoliño! Has vuelto a pincharle los ojos a un pájaro. Eres un monstruo. ¿Cómo has podido hacerlo? ¿Cómo puedes ser tan cruel?
-¡Calla y escucha!
-¿Que carallo quieres que escuche? ¿Por qué haces estas cosas por Dios?
-Pues por eso precisamente, Antonio, Por Dios.–Antonio se quedó atónito. Manuel prosiguió-Si Dios quisiera impedirme cegar a un pájaro, lo haría sin pensarlo. Sin embargo, Dios me ha enseñado a fabricar los reclamos, a poner trampas para los pájaros y me ha dado oídos para poder apreciar el canto del pájaro una vez cegado. Escúchalo Antonio, ¿oyes como es distinto? En vez de ser mas triste parece mucho mas alegre. Lastima que no pueda sobrevivir. Me gustaría que todos los pájaros del bosque cantaran de la misma manera.
-¡Eres una bestia del demo!
-Eso díselo al padre Valentín.
-Díselo tú que ha mandado buscarte. Quiere que vayas hoy un poco antes de la misa que tienes que preparar no se que de las ostias.



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